el Comercio Justo visto desde Chile

reproducimos aquí un artículo publicado en lanacion.cl sobre el comercio justo ya que nos parece muy interesantes ver los puntos de vistas que se tienen fuera de Europa


“Comercio justo”: Sin lugar para el regateo

La Nación Por DANIEL LABBÉ YÁÑEZ

El establecimiento de una relación no abusiva contra el pequeño productor es la regla de oro de esta forma alternativa de transacciones. Aunque todavía demasiado ajena a la realidad comercial de nuestro país, algunas iniciativas dan la pelea en Chile por el respeto hacia el eslabón principal de la cadena productiva

Como un pariente haciendo la diferencia con otro cuya reputación ha caído en desgracia, el comercio justo se apellida así en oposición a aquel que en nombre del consumo afecta los derechos de los productores, sobre todo de los países más pobres.

El diagnóstico previo a la implementación de este sistema plantea que son los pequeños productores quienes, a través de malos sueldos, precariedad e inseguridad laboral, absorben las consecuencias de los precios bajos con que las empresas comercializan sus trabajos para competir en el mercado.

En Chile, por ejemplo, ¿quién se preocupa que la oferta que acaba de vender o comprar no sea gracias a un abuso laboral? O ¿quién vela porque un producto no haya sido fabricado bajo condiciones de explotación infantil o dañando el medio ambiente?...

LOS INICIOS

La idea del comercio justo o “fair trade” comenzó a adquirir forma en 1964 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), cuando algunos grupos postularon cambiar la ayuda económica hacia los países pobres por una voluntad de apertura comercial de los mercados con más poder adquisitivo. Lentamente se fueron instalando en países como Holanda, Alemania, Suiza, Francia, Gran Bretaña y Bélgica, entre otros, “tiendas solidarias” que permitían comercializar productos del llamado tercer mundo evitando barreras arancelarias para ingresar.

La evolución del concepto -naturalizado mayormente en las sociedades europeas- apunta hoy hacia una relación sin intermediarios que encarecen los productos, pero principalmente a que sea igualitaria en términos de poder entre las partes. Una en donde, por ejemplo, el precio que se paga por un producto no va a ser necesariamente el más bajo sino el que redunda en condiciones de vida dignas para el productor

El GUIÑO EN TIENDAS CHILENAS

El caso chileno está marcado por su calidad de exportador más que de importador de productos hechos bajo comercio justo, lo que se traduce en que exista en todo el territorio solamente una tienda que lo aplique.

Guiña se quedó sola en Valparaíso cuando hace menos de un año Latitud º35 -con quien compartían la exclusividad- cerró. El que no hayan más tiendas se explica -según Matías Zamorano, uno de sus dueños- porque “no hay un intermediario”. “Si tú funcionas como importadora implica una gestión y gastos, y eso hace que el producto se encarezca”, dice. Él, en cambio, decidió echar mano a sus conocimientos como ingeniero en comercio internacional para saltarse los canales de distribución.

Decidió ubicarse en Cerro Alegre a vender prendas de vestir venidas de Nepal, fabricadas artesanalmente con algodón y cáñamo, y por las cuales canceló lo que cuesta traer piezas únicas. “Nos instalamos en un lugar apartado, por un tema de espacio. El negocio que desarrollamos implica explicar dónde están los productores, quiénes son, si no se daña el medio ambiente, etc”, cuenta Zamorano.

Y le ha ido bien, aunque igual sostiene que el nicho de las tiendas está “en pañales”. “El mercado no está desarrollado para eso. No hay una cultura de tiendas de comercio justo… por ahora”, dice Matías

EXPERIENCIA EN EL SUR

Donde la lógica del comercio justo moviliza más gente en nuestro país es en los productores y exportadores. Uno de los dos ejemplos más conocidos es la Red de Comercio Justo del Sur, que agrupa principalmente a mujeres mapuches provenientes de familias rurales de escasos recursos, quienes a través de la comercialización de sus productos aportan el principal ingreso de sus hogares.

A esta red pertenece una de las asociaciones de productoras acogidas a la modalidad del comercio justo que más se ha dado a conocer en Chile, Relmu Witral. Nacida en 2003 en la comuna de Tirúa -Región del Biobío- hoy reúne a unas 150 mujeres tejedoras tradicionales y especialistas en el arte y técnica del telar.

En Santiago, por su parte, está ubicada Comparte (Comercializadora de Productos Artesanales), una organización privada dedicada a encontrar “mercados viables para los productos de artesanos chilenos hechos a mano con precios justos de paga”, según sus objetivos. “Una alternativa al trabajo explotado, que les permite obtener o mantener un nivel de vida decente”, plantea la iniciativa, que además es miembro de IFAT (Federación Internacional de Comercio Alternativo), a cuyas normas adhiere.

Y es que en la condición exclusiva de exportadores, los creadores que aplican el comercio justo deben adherirse a estándares internacionales que certifiquen dicha calidad.

Una práctica con la que tiene algunos reparos el dueño de Guiña. “Eso deja de ser justo, porque te exigen un sello que no tiene que ver con la realidad chilena. No somos India ni China”, dice Matías Zamorano. Él espera, en cambio, la creación de una certificación local que, no obstante, requiere del nacimiento de más tiendas de comercio justo como la suya.

Acercarse a estándares de calidad como los europeos dependerá también de conseguir nos sólo más locales y exportadores comprometidos con el comercio justo, sino también consumidores responsables y capaces de responder a la simple pregunta de quién fabricó el chaleco que lleva puesto. LN

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